18 de desembre de 2016

Dulces sueños




Un pequeño ruido me despertó. La silueta de una persona se hallaba ante mis ojos. No quería sacar el brazo de debajo de la sábana, porque así me sentía más protegido. Pero alguien estaba observando mis sueños y, debía saber quién era. Tenía el corazón congelado. Sentía que mi alma salía disparada por mi boca. El miedo se dispersaba por mi sangre, cuando un cosquilleo de mariposas se adentró en mi estómago, un cosquilleo de mariposas medio muertas.

Encendí la luz de golpe, causando una satisfacción en mi, ya que no había nadie. «Fruto de mi imaginación», pensé. Pero al apagar la luz vi otra vez aquella sombra. Sin haber quitado la mano del interruptor, la volví a abrir. Nada. Entonces me di cuenta del traje que tenía colgado en la percha. Apagué la luz y vi que la sombra no era de una persona. Era de aquel traje. Cerré los ojos ignorando la silueta y me dormí.

Por la mañana, justo cuando había despertado, fijé mi mirada hacia la percha. «El traje no está», susurré. Me levanté de inmediato. No, el traje no estaba. Pero encima de la mesa había una nota. Temblando, y con el mismo miedo de la noche anterior, la leí. En la nota decía: «Dulces sueños».


Georgina Canalda Boldú
Institut Cristòfol Despuig, Tortosa


*Conte premiat en la categoria de secundària en el VII Concurs de microrelats de terror 2016, organitzat per la biblioteca amb el suport dels departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.