28 d’abril de 2011

No sense memòria


















S'anomena memòria a moltes coses però principalment es refereix a aquell que recordes o no recordes, saber quin temps va fer ahir o recordar el que vaig menjar ahir.

Imagina't que tot això no ho tinguéssem, que seria de nosaltres sense això tan essencial a la vida. Penso sempre en la gent que no té memòria, que no recorda a persones, que no recorden on viuen ni com es diuen, seria molt depriment, però el més rar per a ells es saber que algú els saluda però no poden recordar absolutament res d'aquella persona. Un exemple més fatal encara és estar a prop de la persona que tant vas estimar però no recordar ni mica d'aquells records tan bonics. El més fort es que ells al principi s'adonen del que fan i del que obliden, però al final és com si entren a un món on l'ahir no existeix. Per això faig aquesta reflexió que ha vegades pensem que "ojalà" no recordés el moment en el que vaig fer el ridícul, del moment que vas dir la burrada més "tonta" a la persona que estimes, perquè recordar els mals moments és molt necessari per poder subsistir. Perquè què penós seria oblidar a posta els mals moments, cal que pensar en aquelles persones que involuntàriament obliden que existeixes, i ja que ells no poden pensar en tu, pensa tu en ells.

Per altra banda la medicina avança a poc a poc i va creant ajudes per a estes persones i que si no fóra per William James, el primer psicòleg en fer distinció en les diverses memòries, encara pensaríem que la gent està boja. I que cada dia es trenquen el cap per donar el millor d'ells.

Per això i per últim vaig aquesta reflexió a tot el món, si algú no té memòria fes tu de la seva, recorda-li tots els moment viscuts, ensenya-li fotografies, recorda-li de què treballava, com va el món...

David Benito


*Article publicat al setmanari La Veu de l'Ebre (01/04/2011), publicat per primera vegada al bloc Periodisme juvenil.

La defensa de l'eriçó













L’eriçó (Erinaceus europaeus) va evolucionar d’algun rosegador milions d’anys enllà. Per tal de defensar-se dels seus predadors desenvolupà aquestes punxes tan característiques aconseguint que, a dia d’avui, molt poques bestioles s’atreveixen a caçar-lo.

Bé doncs, en el nostre món globalitzat i “capitalitzat”, on països com la Xina o Vietnam que s’autodenominen comunistes ja estan infectats per aquest sistema, una nació resisteix a ésser absorbida pel sistema: la República Democràtica Popular de Corea, àlies Corea del Nord.

I és que a l’igual que l’eriçó, aquest país anacrònic i amb uns valors totalment criticables encara aguanta les envestides dels seus enemics. Com? Molt simple, utilitzant les seves punxes, utilitzant les seves armes nuclears.

Tot i que jo sóc antinuclear (militarment parlant, no civilment) he de (i puc) entendre el règim de Kim Jong-Il per desenvolupar un programa nuclear. No fou l’evolució que dotà uns animals amb dents afilades, altres amb cames veloces i alguns, com l’eriçó, amb punxes? Doncs l’evolució humana, la Història, ha dotat un grapat de nacions amb el poder de l’energia atòmica.

L’efecte dissuasiu que tenen les armes nuclears han frenat les ànsies de poder de molts líders i, paradoxalment, han contribuït a la pau mundial. Israel, encara que ningú en parla ni el critica, també té armes de destrucció massiva per a protegir-se dels seus veïns. Qualsevol persona que defensi l’estat hebreu hauria de defensar el dret de tot país a tenir programes nuclears. “O tots moros o tots cristians”, com diem a la Ràpita.

Diuen que Corea està aïllada, que és la nació més hermètica del món. Jo dic: és que al seu govern els interessa canviar? És que els seus líders volen renunciar a gaudir del poder absolut del qual ara per ara disposen? I és clar que no! Protegeixen la seva poltrona a ultrança.

El lleó pot intentar caçar l’eriçó però si aquest el punxa, sagnarà. I serà millor que es curi ràpidament perquè sinó el felí podria caure. El tirànic règim no té res a perdre però el capitalisme que representen tant Corea del Sud com els Estats Units sí, i molt. Per a acabar vaig a citar una frase que vaig veure un cop al diari El Mundo: “el zarpazo de un tigre famélico puede ser mortal”.

David Gonzalez Caballero


*Article d'opinió guanyador del concurs Tu opines, organitzat per Periodisme Juvenil, juntament amb l'Institut de Tortosa.

Font: Periodisme juvenil.

27 d’abril de 2011

Don Quijote de Remolins


En una calle de Remolins de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un gran aficionado a los videojuegos, llamado Quijote. Se pasaba horas y horas sentado frente a la pantalla del ordenador jugando a batallas y a carreras de coche. Estaba aislado del mundo, pero tenía un gran amigo, Sancho. Un día, Sancho, le desconectó el ordenador y él le dijo a Quijote que ya estaba harto, no aguantaba más que Quijote se pasara el día en el ordenador. Sancho hizo las maletas con la ayuda de Quijote y se fueron con el coche del Quijote llamado Rocinante a explorar el mundo. Pusieron rumbo a París. Se alojaron en un hotel muy pequeño situado en el centro de la ciudad. Todos los días, Quijote se fijaba en la recepcionista del hotel. Era una chica de unos treinta años, era bajita y más bien gordita, se llamaba Dulcinea. Sancho no le encontraba nada de especial, era una muchacha fea, pero Quijote se estaba enamorando de ella. Así que un día le pidió una cita a Dulcinea. Ella asintió con alegría.

Pasaba la noche y los dos se llevaban muy bien. Después de la cena, anduvieron por la ciudad hasta llegar a la Torre Eiffel. Quijote, al verse delante de la torre reaccionó de una forma muy extraña. Empezó a gritar “Extraterrestres” y se enfrentó a la torre. Dulcinea no sabía qué hacer, Quijote se había vuelto loco. Llamó a Sancho y le explicó lo que estaba pasando. Gracias a Rocinante, él llegó en pocos minutos. Al ver el comportamiento de Quijote, se quedó perplejo. Fue rápidamente a hablar con él quién le explicó que estaba viendo una nave espacial. Sancho, vio claramente que le habían afectado los videojuegos. Sancho, pensó que lo mejor era que Quijote olvidara a Dulcinea y se fueran al barrio de Remolins.

Así que dicho y hecho. La experiencia de París quedó en un pasado que nunca más se volverá a repetir.

Cristina Chavalera

Un Quijote moderno

















El otro día me contaron una historia. Esa historia, no sé porqué, me recordó a Don Quijote, pero no exactamente como lo conocemos, sino que era un Quijote moderno y algo más joven. La historia empieza así:

Juan es un hombre normal, con un trabajo normal, que los fines de semana se dedicaba a ver el fútbol con sus amigos. Él trabajaba en la oficina y consumía muchas horas frente al ordenador. Su trabajo no era difícil y siempre tenía ratos libres en los que no sabía qué hacer frente a la pantalla. Un Martes, también normal como todos los otros, vio que Jordi, un amigo suyo que también pasaba muchas horas en la oficina, estaba leyendo un libro por Internet, para pasar el rato. Entonces Juan decidió probarlo, empezó con libros al azar, pero pronto se dio cuenta que su favorito era el género fantástico, ya que a poco a poco se había ido enganchando a aquel tipo de libros. Ya no sólo los leía por la pantalla, ya que se le cansaba la vista, empezó a comprarse novelas fantásticas y se las llevaba al trabajo. Así, al cabo de los días fue bajando el rendimiento notoriamente en el trabajo, ya que leía i leía, aunque se daba cuenta de que se estaba pasando, no podía dejar de leer aquellos maravillosos libros. Esto siguió así un mes, hasta que su jefe, dándose cuenta de eso, no tuvo otra opción que despedirle. Entonces Juan se encerró en casa, no salía, no comía no bebía… y se adelgazó mucho a causa de eso. Pasaba las horas leyendo más y más, tampoco dormía, ya que no podía parar de leer, hasta tal punto que le pareció que el exterior estaba lleno de monstruos y puertas fantásticas.

Un día, de repente, se armó de valor y decidió salir a la caza de aventuras, armado con el bastón de su abuelo muerto y con mantas a modo de coraza. Tan pronto salió, vio a una mujer normal y corriente cogiendo un taxi, entonces él se enamoró perdidamente de ella y empezó a correr a toda prisa hacia su dirección. La mujer se dio cuenta de que un hombre estrafalario corría hacia ella gritando ella, asustada, subió al taxi y el taxi se fue. El pobre hombre pensaba que el taxi era una especie de tortuga gigante y muy rápida, que había aprisionado a su bella princesa. Entonces, el hombre, loco y enamorado, la tomó con todos los coches, y especialmente con los taxis, que encontraba, que no eran pocos, a pesar de estar en las afueras de Barcelona. El hombre siguió luchando contra ese ejército infernal, hasta que una de esas diabólicas tortugas lo atropelló, el hombre quedó herido, no de gravedad, y un vagabundo, que lo había estado observando hace rato, fue a socorrerle.

El vagabundo no lo llevó al hospital porque temía que Juan hiciese alguna locura. Así, el pobre hombre lo cuidó como pudo hasta que al día siguiente, Juan recobró la consciencia. El hombre seguía en sus trece, y le agradeció mucho al otro sus atenciones y le pidió que fuese su escudero. El hombre, sorprendido, aceptó, pero por una simple razón: a él también le había sucedido algo parecido, se había vuelto loco, y aunque se había recuperado hacía ya un par de años, no había conseguido recuperar su vida normal, y estaba en la calle. El vagabundo lo llevó a la calle para intentar convencerle de que vivía en otro mundo y así empezaron a andar por zonas no muy transitadas, para comenzar, pero Juan seguía en sus trece, atacando a todos los coches, hasta que unos policías lo vieron repartiendo bastonazos y lo detuvieron, el vagabundo escapó y Juan fue llevado al cuartelillo, donde permaneció toda la noche, antes de llevarlo al psiquiátrico, donde al cabo de unos años dejó de vivir en ese mundo fantástico y pasó a vivir en el mundo real. Pero él, una vez curado, siguió haciéndose el loco para continuar allí, ya que la vida a fuera no sería lo mismo, como su amigo el vagabundo, y se quedó allí, alimentado y con cobijo durante el resto de su “normal” vida.

Pepe Herranz

El mérito es tuyo

















El mérito es tuyo. Todavía recuerdo estas palabras de mi madre que siempre me decía cuando entrenaba. Vivía con mi madre en un pueblo de Alemania. Hace años que murió mi padre en la primera guerra mundial, era un buen jugador de hockey. Antes de su muerte, le vi muchas veces jugando a hockey con sus amigos. Por eso, sabía todas las reglas de hockey. Él, tenía un sueño de hacer un equipo y jugar a nivel internacional pero no lo pudo hacer por la guerra. Este sueño que tenía él, pasó a ser el mío. Pero esto no era fácil de conseguir para una chica de quince años en aquella época. Es verdad que la sociedad estaba cambiando pero, en un pueblo, todavía la gente pensaba que una mujer sólo sirve para cuidar los hijos, limpiar la casa, preparar la comida, etc.

Lo primero que tenía que hacer era busca la gente para hacer un equipo. Pregunté a muchas chicas y a sus padres y me dijeron que no tenían ningún interés en este deporte. Nadie quería formar parte de mi equipo. Estaba un poco triste pero no paré de entrenar. Y ahora en lugar de jugar en la casa, empecé a ir al estadio. Mucha gente se reía de mí, algunos me miraban con mala cara e incluso algunos con mala intención.

Un día, por la mañana, fui al estadio y vi que un grupo de chicas me esperaba ante de la puerta del estadio. Una de ellas me dijo que querían jugar conmigo. Estaba tan contenta que abracé a aquella chica. El mismo día, empezamos a practicar. Nos faltaba el material pero mi madre lo compró en pocos días.

En las primeras semanas sus padres no sabían que sus hijas jugaban conmigo. Pero la realidad no se puede esconder nunca. Un día supieron toda la verdad y se enfadaron mucho. Encerraron sus hijas en la casa y no las dejaban salir. Mi madre habló con ellos pero no sirvió para nada. Poco tiempo después, dejaron sus hijas, quizás ya sabían, realmente, queríamos jugar. Ahora ya podíamos practicar todas las días, a cualquier hora y la gente del pueblo también nos apoyaba. Así pasaron tres años.

Todavía me faltaba algo, mi sueño no se había cumplido. Yo además de hacer el equipo quería jugar a nivel internacional. Pero algo que nunca pensé era que cuál será el nuestro equipo contrario si no hay ningún equipo más de hockey de las chicas.

En aquella época, Internacional Hockey Cup era la copa más famosa del hockey y nuestro equipo la quería conseguir. Por eso, tuvimos que ir a Inglaterra. Como no había ningún equipo de las chicas, pedimos permiso para jugar contra un equipo de chicos.

En principio, la mayoría de la gente pensaba que esto era muy difícil para las chicas pero mi madre y jo estábamos seguras de que no podíamos perder.

Llegó el día que esperábamos todos desde hacía mucho tiempo. El partido tuvo mucho éxito. Vino muchísima gente y finalmente mi sueño se cumplió, ganamos el partido. Estaba con mi equipo el centro del campo y me sonaban las palabras de mi madre: El mérito es tuyo...

Kirnjeet Kaur