21 de desembre del 2011

Hasta veinte


Julia, 22 años, nacida en Madrid, estudiando psicología en la Universidad y trabajando los fines de semana en el manicomio como ayudante. Su tarea allí es sencilla, solamente acompañar a los pacientes a las habitaciones, a comer, a la sala común, al dormitorio, solamente acompañarlos cuando ellos lo necesiten.

Julia ya lleva allí seis meses, los seis meses más raros de su vida. Allí pasan cosas muy extrañas, y desde hace unas semanas, desaparecen los pacientes, dos por semana, sin saber dónde están. Al principio pensaron que se escapaban, pero luego descartaron esa posibilidad, ya que ya son siete los pacientes desaparecidos en las últimas semanas, una cosa muy extraña dada la seguridad que hay en esos lugares.

Julia ya decía desde hacía algunos días que notaba algo raro en los pacientes, que cada día había un paciente que se comportaba de forma distinta, más raro de lo habitual, diciendo frases sin sentido, y dando dos golpes en el suelo cada vez que llegaba a la sala de entretenimiento. Ella se lo contó a los médicos, pero no le hicieron caso, le dijeron que eso era normal en ese tipo de gente, que eran personas que estaban locas y que por eso estaban ahí.

Julia dado que nadie le daba importancia a todo lo que estaba pasando, decidió investigar por su cuenta, yendo todos los días que pudiera, para así pasar más tiempo en el manicomio y poder vigilar a los pacientes. Estuvo yendo durante tres semanas cada día, hasta que al final, un día, desapareció. Sus compañeros no entendían nada, no entendían que pasaba con los pacientes y que había pasado con Julia.

Mario, un amigo suyo, decidió averiguar todo lo que estaba pasando, eso no podía continuar así, porque llegaría un momento en el que no quedaría nadie en ese maldito manicomio, ni pacientes, ni médicos. Mario, lo primero que hizo, fue mirar en la taquilla de Julia, donde encontró una carta avisando de que si le ocurría algo, dejaran el manicomio y se fueran a otro sitio, que no investigaran como había hecho ella, que era peligroso, que no se quedaran allí, que sino al final acabarían muriendo, como seguramente ella.

Mario después de leer esa carta, no supo cómo reaccionar, se quedó un buen rato pensando, reflexionando sobre qué debía hacer, si hacer caso a Julia y marcharse, o descubrir qué había pasado durante esas semanas. Después de horas, optó por la segunda opción, averiguar qué les había pasado a Julia y a los demás pacientes, no podía dejar que todo quedase así.

Al cabo de tres días investigando, encontró algo extraño en la pared de la habitación de uno de los pacientes, una frase que no se entendía: “somadeq ne le onatòs odnauc al nòicatibah 12 ed sod seplog”. Después de estar 15 minutos mirando la pared, Mario se dio cuenta de que la frase estaba escrita del revés, que ponía: “Quedamos en el sótano cuando la habitación 21 de dos golpes”. Mario después de leer aquello no entendió nada, pero recordó lo que le había dicho Julia, que cada día había un paciente que decía una frase sin sentido y daba dos golpes en
el suelo cada vez que llegaba a la sala de entretenimiento.

Mario aquel día se lo contó todo a diversas personas, para que si le pasaba algo a él también, no volvieran a empezar de cero, que se marcharan de aquel lugar para siempre.

Mario estuvo todo el rato vigilando la habitación 21, que era la sala de entretenimiento, hasta que al final, escuchó esa frase dicha del revés y los dos golpes en el suelo. Después de escuchar aquello, empezó a bajar las escaleras que se dirigían al sótano, en una mano llevaba un palo, por lo que pudiera pasar, y en la otra una linterna. Cuando llegó abajo, abrió la puerta poco a poco, y vio esa frase escrita del revés repetida por las paredes, con diferentes tipos de letras. Contó las frases, veinte, las mismas que pacientes desaparecidos sin contar a Julia. Decidió seguir hacia delante, hacia la oscuridad, hasta que llegó un momento en el que perdió el conocimiento, cayó al suelo, y en un último pestañeo, puedo ver a Julia con un vestido blanco con los veinte pacientes a su alrededor tendiéndole la mano rodeados de una luz brillante con un fondo azul cielo.


Maria Granados Galaso


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

El espantapájaros


Había una vez un granjero que tenía un enorme campo de maíz.

En una noche oscura y triste, cayó un rayo encima del espantapájaros y.... ¡cobró vida! Entonces fue en busca del campesino el cual se asustó al ver su terrible aspecto. Tenía unas larguísimas uñas, la ropa sucia y desgarrada, su aliento era verde y maloliente, su cara de paja era espantosa y su aspecto horrible y malvado.

El granjero huyó dirigiéndose hacia la granja y encerrándose en ella. Estaba sin aliento cuando oyó un ruido. ¡Era el sonido de su tractor!

¡El espantapájaros lo había puesto en marcha!. De repente vio como la puerta saltaba hecha añicos. El espantapájaros se dirigía hacia él con sus garres de largas cuchillas. El campesino se defendió golpeándole con una pala en la cabeza.

Sin comprobar el daño que le había hecho corrió hacia el coche y después de varios intentos, logró salir de allí. Cuando explicó su historia a la policía, no le tomaron en serio y decidió ir a la Biblioteca del pueblo vecino a buscar información.

Allí encontró un libro de leyendas dónde ponía: “1799. Un espanta-pájaros cobra vida y mata a los habitantes de un pequeño pueblo.

La única forma de matarlo consiste en quemarlo con una antorcha.”

Al regresar a su pueblo, se encontró con decenas de cadáveres con heridas en el pecho. Enseguida comprendió que eran los cortes realizados por las garres del espantapájaros. Se armó de valor y entró
en el establo. De repente notó un gran peso sobre él. El espantapájaros estaba arriba en el granero y le había tirado encima la cabeza de su última víctima.

El granjero recogió como pudo una rama y mientras caía y se levantaba continuamente sabiendo que aquel monstruo estaba a punto de alcanzarle, consiguió enredar en ella un trozo de su camisa. Cuando vio acercarse peligrosamente al espantapájaros, cogió con sus manos temblorosas el encendedor del bolsillo y encendió la improvisada antorcha. Un chillido espantoso salía de la boca del espantapájaros mientras se quemaba reduciéndose a cenizas.

Poco a poco, empezaron a salir personas que se habían escondido
en sus casas y rodearon al granjero aplaudiéndolo y dándole las gracias. Desde entonces, nadie ha vuelto a poner un espantapájaros en sus campos.


Joel Castell Andreu


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

Dementium


Casi sin tocar las escaleras, más bien rozándolas, caí de nuevo. Volví a levantarme rápidamente aunque eso solo provocó una quinta caída. Recuperé el equilibrio y me adentré en la gran sala cerrando la puerta metálica indestructible.

Una sala, mejor un laberinto. Un laberinto lleno de pasillos pero a la vez con muchas habitaciones dentro, todo estaba lleno de sangre. En algunas partes no había ni una sola gota pero lo que más me intrigaba en ese momento era el olor, el fuerte olor a sangre, a muertos, cadáveres, no me molaba eso... pero no, no podía, no podía oler nada.

Ya no escuchaba ningún ruido. Seguía en la entrada de la gran sala oscura sin olores ni nada a lo que recurrir. El monstruo bicho medio humano ya no daba golpes a la puerta y empecé a pensar.
¿Cómo podía salir de allí? Deseaba estar en casa con mi chico relajada en el sofá, sentir y oír su dulce voz en mi oreja con susurros, mariposas en el estómago, calor con su piel, amor con su mirada y...

Un ruido que me paralizó borró mis pensamientos por el momento. Una puerta metálica. Hacía el mismo ruido que la otra, ese chillido al contactar con el suelo y ese “pam” al cerrar la puerta. Alguien había entrado en la gran sala y venía hacia mi... pude verlo a lo lejos del pasillo, era él, una sombra roja como una serpiente. No sabía qué era muy bien eso, pero podía suponerlo, ya que no quería mirarle solo podía correr y correr y correr...

Dejé de mirarle y como ya dije, corrí, tanto como pude en otra dirección, en otro pasillo más del laberinto lleno de habitaciones. A saber a dónde me llevaría ese trozo de pared.

No me alegró mucho ver al final de mi pasillo una habitación. Era... como un lavabo pequeño con solo el váter y con un simple grifo. Pero no, eso no era un lavabo, era una habitación sin nada. Entré en ella. La sombra me seguía, estaba acabada.

La puerta no era metálica esta vez, era de madera. Llorando me dejé caer en el suelo y me apegué a la pared más lejana de la puerta, aunque solo habían unos centímetros de distancia.


Alguien empujaba la puerta con mucha fuerza. Tuve que poner mi espalda contra la puerta y los pies pegados en la pared más lejana, haciendo fuerza para que la sombra no se apoderase de mí. No pude, no pude aguantar más la puerta y la sombra me ganó. Una cosa roja iba a tirarse encima de mí, una capa roja... grité.

Me desperté, no fue el típico despertador como en las películas, sino la simple pesadilla, el miedo, el susto de morir. No siempre tenía la misma pesadilla, a veces tenía sueños bonitos. Aunque mis sueños sean bonitos o oscuros, siempre han sido raros, con algo que cuando despierto no entiendo.


Àngela Cartil Benaiges


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

Perro malo


—¡David, David! ¿Estás ahí?

—¡Estoy aquí!

—¿Aquí? ¿Dónde? No se ve nada.

—Guíate por mi voz.

Así lo hice. Siguiendo las instrucciones de David, fui acercándome a él poco a poco. Me iba dando con todas las cosas de mi camino, y haciéndome daño constantemente, pero eso no importaba en ese momento.

Estaba asustada, muy asustada, y oía escuchando las palabras de David susurrando que no pasaba nada, en ese rincón del sótano; el sótano de la iglesia.

Se suponía que esa noche la íbamos a pasar en su casa, viendo películas de terror con palomitas, y acurrucados bajo la manta, pero no. Tuve que ser tonta y seguir a ese perro, el que me llevó a dentro de la iglesia. Era un edificio abandonado, y prácticamente se derrumbaba si lo tocabas de lo viejo que era. Ese perro, me llevó a la iglesia, donde una señora, se supone, estaba rezando en voz alta.

Decía cosas como que ojalá todo a su alrededor ardiera en el infierno para así dejarla a ella en paz.

—Hola, bonita, ¿quién eres? —me dijo sin girarse.

—Eh... esto... ¿Ha visto usted a un perro pequeño y blanco? Me ha parecido que ha entrado aquí y lo estaba buscando... —le dije balbuceando.

—Ah, ¿el perrito? Sí, creo que ha bajado por esas escaleras... —dijo señalándomelas, a la vez que se daba la vuelta para contemplarme.

Tenía el rostro lleno de arrugas, y le faltaban unos cuantos dientes, pero me daba igual, yo fui a por el perro. Bajé por las escaleras que me señaló la anciana, y no se veía nada, solo se oía el chirrido de las escaleras cada vez que apoyaba mi peso encima. De pronto, se encendió la luz, y se acabó mi búsqueda del perro. Estaba en el suelo, con un cuchillo en la tripa y un charco de sangre a su alrededor.

—Veo que has encontrado al perro... —me dijo la anciana desde arriba del todo de las escaleras.

—¿Qué le ha pasado? —dije asustada.

—Nada. Lo siento mucho es que me moría hambre...

En ese momento tragué toda la saliva que tenía en la boca. Estaba muy asustada, y no sabía qué hacer. Lo único que se me ocurrió fue avisar a mi novio, David. “Ayúdame, estoy en la iglesia abandonada con una anciana siniestra, ven rápido.” Tecleé esas palabras en mi BlackBerry ya que era una experta, y se lo envié por el WhatsApp. La mujer empezó a bajar las escaleras, lentamente, con una vela en la mano.

Corrí lo más rápido que pude hasta llegar a otras escaleras que iban hacia algún sitio. Y me limité a subirlas. Acabé en el altar de la iglesia, y entre los escombros me abrí paso hasta la entrada, pero, como una ráfaga de viento negra, apareció la señora. Me asusté y eché a correr hasta llegar a las escaleras por donde había bajado el perro. Vi un armario gigante, y sin pensármelo dos veces me metí dentro de él. Entonces, escuché una voz masculina, una voz muy conocida; era David. Abrí un poco las puertas para ver si había alguien, y salí.

—¡David! Estoy en el sótano. Ven, ¡rápido!

—¡Ya voy!

—¿Lucía? ¿Dónde estás? —dijo después de bajar las escaleras.

—Al lado del armario. No veo nada.

—Acércate a mí.

—¿Cómo quieres que me acerque si no veo nada?

—Escucha mi voz, y ven.

Mientras David me decía por donde estaba, yo intentaba no tropezar con nada del sótano, pero sin querer pisé algo blando, y resbalé un poco. Era el perro, entonces di un grito aterrador, pero me tranquilicé y le dije a David que no pasaba nada. Llegué hasta él, y me abrazó. Cuando rocé su piel, noté algo raro. No sabía muy bien qué era. También era distinto su cabello, era muy áspero y las uñas de sus dedos eran muy largas, como las de la anciana. Me asusté un poco y pregunté:

—David, ¿eres tú? – dije tartamudeando.

—Claro que sí, bonita. Jijijijiji...


Victoria Cobas


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

La temor


L’altre dia sortia de l’escola i mentre anava cap a casa el cel es va enfosquir, les persones van desaparèixer i sentia sorolls estranys. Una ombra s’apropava i cada vegada els sorolls es sentien més, i més, i més...

De sobte em va agafar tanta por que vaig donar la volta i vaig córrer cap un altre costat, fins que al cap de mitja hora vaig arribar a casa. Vaig obrir el llum, però no anava i em va semblar estrany, perquè el pare ja ho hagués arreglat. Seguidament vaig anar a la meva habitació, el llum tampoc funcionava, vaig deixar la jaqueta i la bossa al terra i em vaig amagar dins del llit.

Al cap d’unes hores va arribar algú. Seguidament, va entrar a la meva habitació i caminava cap al meu llit i... em vaig despertar, em vaig moure i vaig caure al terra. Vaig fer tant soroll que vaig despertar els meus pares, però tot seguit es van tornar a adormir.

Jo vaig pujar al meu llit i vaig pensar que potser sí o potser no m’hagués agradat saber què hauria passat a continuació del somni. Em vaig adormir... però de la temor del somni no em vaig despertar en tres dies!


Lara Marcoval López


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

Estima, moriràs


Tic-tac, tic-tac, tic... Totes les nits igual, no sóc capaç de dormir més d’una hora seguida... Sento la seva respiració, el seu tacte fred i la seva mirada penetrant allí, amb mi, però no, no està. Des d’aquella nit que em va dir que era massa perillós per a mi, no l’he tornat a veure i estic embogint.

No vaig poder resistir-me. Vaig anar a casa seva, el vaig veure sortir i el vaig seguir fins a un carreró, fosc, on la nit cada vegada se’l anava menjant. Se sentien unes veus de dones, totes alhora dient paraules que mai entendré ni mai sabré en quin idioma eren. Però ell va seguir cap al cementiri, sense adonar-se’n d’aquelles veus tan rares. Jo em vaig quedar observant. Vaig veure a aquelles dones per una petita finestra, estaven assegudes amb rotllana i anaven totes amb grans vestits negres. Al mig de la rotllana havia un animal, apunyalat amb una estaca de plata, segurament. La seva sang acariciava el terra humit i fosc d’aquella sala il·luminada amb centenars d’espelmes.

Quan vaig adonar-me que jo estava morta de por, ell ja no estava, havia entrat a la foscor del cementiri i jo no sabia si seguir o no. Estava tremolant de por, però era ell, tenia que veure què passava, què era tan perillós. Vaig sentir un crit esgarrat i vaig seguir el rastre d’aquell crit tan esgarrifós. Llavors va ser quan ho vaig veure... La fosca nit em va caure damunt i se’m van ennuvolar els ulls. Havia de fer alguna cosa. Dos éssers estranys l’estaven devorant des de la primera capa de la seva pell fins a els seus ossos. Violentament, van aixecar el cap i em van mirar amb una mirada desafiadora i la cara plena de sang. Van venir a per mi. Ja podia córrer, no em serviria de res... anava a morir.

Una melodia va començar a sonar, una melodia tenebrosa però encantadora a la vegada. Aquells éssers van començar a cridar, cridaven i movien totes les parts del seu cos del dolor que sentien, els ho queien llàgrimes de sang dels ulls, les seves ungles esgarrapaven la seva pell bruta i esgarrifosa fins a penetrar-la i esgarrar-se a ells mateixos. Es van anar destruint mentre cridaven, sentien el dolor, el dolç dolor que se sent abans de morir multiplicat per totes les vegades que algú es pugui imaginar.

Quan em vaig adonar que ja no podien fer res, vaig anar a buscar-lo, a salvar-lo... Era massa tard, no tenia pulsacions, el seu cor no responia als meus crits i llàgrimes, estava mort.

Aquell dia vaig decidir que mai més ningú sabria com és el meu rostre, mai més ningú s’atreviria a parlar-me i que jo seria el pitjor somni de tots els enamorats.

Totes aquelles persones que desitgen estimar, acabaran morint.


Judit Pastor Estrada



* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

Antoni


Alguna vegada quan estàs en algun lloc sol, no sents que algú et mira, però tu saps que estàs sol? Bé, jo et diré la el que et podria estar observant.

Fa algun temps, un nen de set anys anomenat Antoni, com cada dia, anava de tornada del col·legi cap a casa pel mateix lloc, però un dia un gos negre ferit d’una pota es va creuar pel seu camí. Antoni, commogut, va anar darrere del gos, el va seguir fins a un lloc desolat i mentre el nen es va girar per veure on era, el gos va desaparèixer. Llavors el nen, perdut, va anar a buscar ajuda per poder tornar a casa, però no va trobar més que una petita caseta. En veure que es feia de nit, es va ficar dins sense dubtar-ho, però en entrar diuen que Antoni crit i crit de desesperació, i no hi havia ningú per socórrer-lo, però.

Per què cridava Antoni? Diuen que quan va entrar a la caseta una ombra sense cos el va mirar als ulls amb uns ulls grocs, i llavors Antoni es va quedar petrificat de l’ensurt i va morir.

L’endemà la policia amb la seva mare el van anar a buscar, i per la informació que els van donar van arribar a la caseta. Amb prou feines van entrar i van veure el cos sense vida d’Antoni a terra, però el més estrany va ser que a l’acostar-se al cos van veure que el ulls de Antoni estaven de color groc. Els policies, amb una mica de por, se’l van endur i en el moment que anaven a sortir un policia va mirar enrere perquè va creure que alguna cosa l’observava, i el que va veure va ser dos parells d’ulls grocs. Però, de qui eren aquest parell d’ulls addicionals? Llavors el policia ple de por no va dir res, però en el camí va embogir i es va suïcidar amb la seva pistola i ningú va saber per què ho va fer.

I ara el que et diré no és un joc: si quan et trobes sol i repeteixes tres vegades el nom de Antoni amb veu clara i forta sents que algú et mira darrere teu, t’aconsello que no et donis volta o podries quedar marcat de per vida.

Jo ho he intentat tot just una vegada, però no ho vaig fer directament, sinó a través d’un mirall i el que vaig veure va ser un parell d’ulls
amenaçadors de color groc que em va hipnotitzar per alguns segons.

Si no hagués estat per la meva mare que va trucar a la porta potser mai m’hagués despertat.

Per això t’aconsello no mirar cap enrere, perquè encara que no ho vaig veure diuen que no només t’apareix un parell d’ulls, sinó dos parells: un parell són de Antoni, l’altre parell no es pot saber amb exactitud, però diuen que són els mateixos amb què va mirar Antoni abans de morir.

Aquesta història és un fet real. Espero que no intentis realitzar-la o quedaries marcat de per vida.


Sara El Melladi


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

Tu el pots sentir? Sents a Tobi?


Jo tinc una germana que té sis anys i que cada matinada s’aixeca i comença a parlar amb el que ella anomena  Tobi. Diu que li explica les coses que vol fer i les que ja ha fet. Quan li pregunto quines són les coses que li diu, ella em contesta:

—No ho puc dir, sinó ell em farà mal, molt de mal.

La meva família i jo pensem que és perquè se sent sola i s’ha inventat un amic imaginari, per això no li fem gaire cas.

Un dia a la matinada la meva germana es va aixecar. Jo la vaig sentir, però em vaig fer l’adormida i ella va començar a parlar i deia:

—No, jo no ho faré, això no està bé. Deixa’m, no vull ser amiga teva.

Es va tornar a adormir i al dia següent en aixecar-nos la meva germana menuda ja no parlava amb ell. Jo li vaig preguntar si s’havia enfadat amb  Tobi i ella em va dir que sí perquè ell la volia obligar a fer una cosa que ella no volia fer, no volia ser una “assassina”. Jo em vaig espantar i li vaig explicar a la meva mare i al meu pare,. Ens vam ficar tots nerviosos. Vam preguntar-li si volia anar a un psicòleg, però ens deia que no necessitava un psicòleg, que el que havíem de fer era anar-nos-en de casa com a més prompte millor.

De cop es van començar a sentir sorolls, la porta del menjador s’obria i es tancava molt fort, tan fort que es va trencar, i la meva germana ens va dir que no ens havíem d’espantar perquè  Tobi s’alimentava de la temor de les persones. Ens vam espantar encara més. La meva mare ens va dir de sortir corrents de casa i ho van fer. El meu pare portava la meva germana als braços i en arribar a la porta de sortida, les llums de casa s’encenien i s’apagaven, tots els mobles de la casa estaven flotant en l’aire i a mi una força molt potent me va agafar dels cabells i em va aixecar de terra. Estava aterrida i plorava de temor: allò no era normal. No sabíem què fer. Estàvem tan espantats que ens vam amagar al soterrani. El més increïble és que la meva germana estava més tranquil·la que mai.

La meva família ha estat assassinada per aquell monstre anomenat Tobi. Jo ara el puc sentir, però no el puc veure. Em diu moltes coses
de vatros! Sí, de vatros... Ell i jo som amics perquè ja no tinc a ningú més, la meva família ha mort. Tu el pots sentir? Ell a tu te pot veure!


Hajar El Mohammady


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

Bloody Mery




Explica la història que una xica que es deia Bloody Mery es va posar molt malalta. Els seus pares que eren els seus metges la van donar com mort clínica i la van enterrar viva. Li van lligar un cordell a la mà, que l’altre extrem arribava a la superfície lligada a una campaneta. Si sonava la campaneta volia dir que estava viva i recuperada i l’havien de desenterrar ràpid.

Aquella nit feia molt de fred i el pare va acompanyar la mare dins de casa. Aquella nit el pare es va emborratxar, i quan va anar a la tomba la campaneta estava al terra. Ràpid el pare es va posar a desenterrar-la com un boig, però desgraciadament quan havia obert la tomba la nena tenia sang al pit, la tomba, tota trencada, i les... ungles... apegades... a... la... tomba. Des d’aquell dia allò es recorda com... la maledicció de Bloody Mery.

Un dia a la universitat van fer una excursió al bosc. Es van instal·lar a l’alberg, i una nit que les noies estaven parlant de la història de Bloody Mery, van desafiar una de les xiques a fer la tradició de Bloody Mery. Diuen que si et mires a l’espill, fas tres voltes i dius “Bloody Mery” tres vegades, sentiràs una campaneta; quan et miris a l’espill et veuràs borrosa i tindràs sang al pit, i si passa això... t’apareixerà Bloody Mery per darrere donant-te un espant de mort i moriràs en quatre dies.

En el moment que les xiques estaven decidint qui ho faria, una xica que estava darrere va acceptar el repte. Va anar al bany, va posar espelmes, va agafar un got amb aigua per als nervis i ho va fer. Al dir
el ritual se li va aparèixer per darrere i la xica va morir als quatres dies.

La xica es deia Megan i era cardíaca. Diuen que l’esperit de Megan ronda per les xiques que la van reptar i també per les que fan el ritual.


Nicolae Ciobanu


* Conte premiat en el II Concurs de contes breus 2011, organitzat per la biblioteca i els departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres de l'Institut Cristòfol Despuig.

5 de desembre del 2011

II Concurs "Tu opines"


Periodisme Juvenil i l'Institut Cristòfol Despuig convoquen el II Concurs "Tu opines", un concurs d'articles d'opinió adreçat als jóvens.

Participa-hi!