20 de desembre de 2018

Premis del IX Concurs de microrelats de terror 2018


El jurat del IX Concurs de microrelats de terror 2018, format pels responsables de la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig, amb el suport dels departaments de Català, Castellà i Llengües estrangeres, ha acordat donar els premis següents:


Categoria primària

Relats en català

«Casa en venda», de Rosa Fornós Nivera
Escola Raval de Cristo, Roquetes

«Malson trencat», de Paloma Sainz Sampedro
Escola Cinta Curto, Tortosa

«El monstre de sota del llit», d'Arnau Figueras
Escola Xerta, Xerta

«Una història de Halloween», d'Àngel Labordeta Pitarch
Escola Horta Vella, Sant Carles de la Ràpita

Premi especial concursants novells

«Les disfresses misterioses», d'Anna Mas Ferrús
Escola Sant Miquel, Ascó

«A sota del llit», de Marc López Gisbert
Escola Sant Llàtzer, Tortosa

Relats en castellà

«Trenween», d'Aleida Serrallonga Escuin
Escola Consol Ferré, Amposta

«El niño fantasma del viejo gimnasio», de Lluc Sarrà
Escola Consol Ferré, Amposta

Relats en anglès

«A Horror Story», d'Elsa Tomàs Rubiales
Escola Riumar, Deltebre

«The Enchanted Castle», d'Eduardo Gerghelas
Escola El Temple, Tortosa


Categoria secundària

Relats en català

«La sang dels arbres», de Gemma Lluís Porres
Institut Ramon Berenguer IV, Amposta

«Soc una bona mare», de Marta Pujol Plassa
Institut Ramon Berenguer IV, Amposta

Relats en castellà

«Dentro del bosque», de Cinta Vega Tomàs
Institut Roquetes, Roquetes

«Mi muerte fue en una estancia a medianoche», de Bryan Fernández Ruiz
Institut Sòl de Riu, Alcanar

Premi especial concursants novells

«Enrique I y su "hijo"», d'Enric Pino Vargas
Institut Cristòfol Despuig, Tortosa

Relats en anglès

«His lasts words», de Dídac Boldó
Institut Dertosa, Tortosa


Categoria batxillerat i cicles formatius

Relats en castellà

«L'acompanyant», d'Amparo Morcillo
Institut de l'Ebre, Tortosa

«L'ombra del panissar», d'Alba Murcia Navarro
Institut Deltebre, Deltebre

Relats en castellà

«Brisa», d'Àngela Querol March
Institut Montsià, Amposta

«Un buen padre», d'Aida Campos Ortiz
Institut Ramon Berenguer IV, Amposta

Relats en anglès

«Horror Story», de Sandra Vallés Brull
Institut Dertosa, Tortosa

Relats en francès

«Ma femme», d'Antoni Moreno Jurado
Institut Cristòfol Despuig, Tortosa


El lliurament dels premis es farà divendres 21 de desembre de 2018, a partir de les 12.00 h, a la biblioteca de l’Institut Cristòfol Despuig en un acte presentat per un grup d'alumnes del batxillerat Humanístic-Econòmic.

Si voleu llegir els relats premiats, cliqueu a sobre dels títols dels relats o llegiu el llibre sencer a Issuu.

La resta de contes premiats en altres convocatòries està disponible al blog Calaixó de sastre i també en format de llibre electrònic a Issuu.

19 de desembre de 2018

Ma femme



Ma femme m'a réveillé la nuit dernière en me disant qu'il y avait un intrus dans la maison.

Elle est morte par un intrus il y a deux ans.


Toni Moreno Jurado
Institut Cristòfol Despuig, Tortosa


*Conte premiat en la categoria de batxillerat i cicles formatius en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Horror Story



It was late; around midnight. I was finally able to start reading the book my friend had been recommending me for months. There was a strange noise outside. I wasn’t sure what it was, so I put my book down in my nightstand. I got up and walked to the only window in my room, which was at the right side of the bed. In spite of the darkness surrounding the house, you could slightly see the shapes of the trees scattered around the backyard, but nothing else apart from that. I wasn’t able to recognise what that sound was. I made up my mind and went to my brother’s room downstairs. When I opened the door to his room, the lights were already on and he was looking out of his window, from where you could also see the backyard. He turned around when he realised I was there and made a surprised gasp before realising it was me. He immediately mentioned the odd noise coming from outside. Both of us were in deep thought about what it could have been. Then, my gaze went to the window when I saw a shadow moving instantaneously from one side to the other. After that, we decided we should go to try to find what it was.

We went outside and after taking a few steps forward there was a sound behind us. We turned around and the door we had just crossed had closed on its own. We wanted to convince ourselves that it was nothing. We repeated: it must have been the air, ignoring our minds reminding us that there was a clear lack of wind. Luckily, I had grabbed the keys together with two torches on our way to the door. We were walking side by side, almost hugging each other because, let’s be honest; no one actually separates if you find yourself in a scary situation, and horror movie directors should know it. At first, we didn’t see anything weird but, when we approached our dog’s little house, we saw a red substance dripping from the roof. When we realised there was a trace in the grass of the same substance, our minds started to race with the worst case scenarios. We were scared but we followed it until we found something we would have never wanted to see. Our usually lovely and bubbly German Shepherd was lying lifeless on the grass,covered in mud and blood. We got in a shock. We didn’t know what to do since we were scared but, when I saw something shifting in the bushes close by, I quickly took my brother’s hand and ran to the inner part of our house. We called our parents with tears in our eyes. A few hours later, we were told our beloved pet had been taken away by a wolf that used to spend long hours in the hill nearby, and visited the village once and then. We had never been so heartbroken.


Sandra Vallés Brull
Institut Dertosa, Tortosa


*Conte premiat en la categoria de batxillerat i cicles formatius en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.

Un buen padre



Hacía menos de un año que nos habíamos casado. Éramos una pareja bastante feliz, se podría decir que todavía estábamos sumidos en la fase del enamoramiento. Es verdad que la fogosidad irracional del primer momento había desaparecido, pero todavía me emocionaba cuando ella me miraba embelesada por el simple hecho de hablar. Hacía dos meses había nacido nuestra hija. Ya no podía pedir nada más, la felicidad había entrado en nuestras vidas. Con el aumento de la familia nos habíamos mudado a una casa más grande. Parece mentira que un ser tan pequeño necesite tanto espacio. Habían pasado dos días y estábamos adaptándonos al nuevo hogar. El día había sido duro, abrir cajas y más cajas, ordenar y limpiar. La llegada de la noche era una bendición para nosotros, cuando el bebé al fin se quedaba dormida, caíamos rendidos en la cama como dos marmotas.

Dormía plácidamente cuando algo me despertó. El sonido del monitor que vigilaba al bebé zumbó hasta obligarme a hacerle caso. Me tocaba levantarme a mí. Escuché el llanto de mi hija y me levanté con resignado esfuerzo. Incorporado delante de la cama intenté estirar un poco mi entumida espalda. Súbitamente, el llanto cesó y escuché la dulce voz de su madre cantando una nana. Estaba desvelado así que me dirigí al salón a buscar un vaso de leche. Al abrir la nevera observé una nota encima del frío mármol. Era la letra de mi mujer. Me froté los ojos para poder leer la nota y cuando los pude enfocar la leí:

“Cariño, esta noche me quedaré hasta tarde en el trabajo. No me esperes, tengo que terminar el proyecto para mañana. Tranquilo, cuida de Ángela y recuerda que son dos cucharadas de leche en polvo para el biberón”.

Mi estomagó pareció enroscarse en mis intestinos, mi corazón empezó a palpitar frenéticamente. Las manos empezaron a sudar y el vaso que sostenía resbaló de ellas rompiéndose en mil pedazos y manchando de leche los muebles de la cocina. Oí como la nana se escuchaba cada vez con más fuerza. La voz ya no era agradable, no era la de mi mujer. Un sonido agudo y tétrico entro por mis oídos irritándome los tímpanos, colapsando mis impulsos. Quería salir corriendo hacia la habitación pero estaba clavado al suelo por la chirriante voz. El llanto de mi hija empezó a sonar formando una infernal melodía de sonidos indescifrables. Decidí ir a socorrerla cogiendo el afilado cuchillo de cortar el asado. Empecé a caminar pesadamente hacia la habitación de mi hija. El llanto y la voz eran insoportables. Abrí la puerta y las vi. Una figura de cabellos negros enmarañados me miraba con ojos inyectados en sangre. Su boca estaba torcida y sus dientes afilados y podridos escupían víboras. Entre sus brazos estaba mi hija. Lloraba desesperada mientras la mujer demoniaca intentaba hacerle tragar un biberón hecho con fango y gusanos.

Levanté el cuchillo con fuerza y lo clavé en el ojo de aquel ser repugnante. Empezó a chillar y emitir sonidos extraños. Volví a levantar el cuchillo, cada vez sus gritos eran más fuertes y desgarradores. Se lo volví a clavar, una vez y otra y otra, hasta que no pude más.

De repente, esa figura que tanto me aterraba desapareció y en su lugar vi a mi mujer sosteniendo a mi hija. Vi la sangre esparcida por toda la habitación. El cuchillo y los rostros desfigurados por él, vi las vísceras y la piel desgarrada. Me miré las manos y no las reconocí, intenté despertar y no lo conseguí. Definitivamente, las había matado.



Aida Campos Ortiz
Institut Ramon Berenguer IV, Amposta


*Conte premiat en la categoria de batxillerat i cicles formatius en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Brisa



Buenas noches, me dijo con un breve susurro. Estaba detrás del cabecero de mi cama, donde solo hay dos dedos de espacio, y, a continuación, me tapó la boca.

Oprimió mi chillido. Nadie me oyó.

Me sorprendió el tacto frío de sus manos y seguidamente solo noté la sensación de aire. Aire fresco. Aire puro. Libertad.

Ese aire atravesaba literalmente mi garganta. Las uñas de gel parecían un sable. Primero hizo un corte vertical en mi piel, después deshilachó poco a poco el musculo (para que notara fibra a fibra el desprendimiento) para acabar desgarrando las cuerdas vocales y agujerear totalmente mi cuello.

Ni una gota de sangre. Ni una mancha.

Este no era el asombro más grande. La extrañeza fue que sólo había mis huellas. Las únicas huellas existentes en la habitación eran las mías. No había huellas en el cabecero. El cerrojo de la habitación no estaba forzado. Las cámaras sólo me delataban a mí.

Me convertí en mi propia asesina. El dolor no fue nada, el asombro máximo. Ese susurro fue el final. Ya no desperté de esa horrible pesadilla.


Àngela Querol March
Institut Montsià


*Conte premiat en la categoria de batxillerat i cicles formatius en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


L’ombra del panissar



Rondava l’any 1970 quan em va passar el fet més tenebrós i esgarrifós de la meva infància. Tenia sis anys i vivia a un poble de les Terres de l’Ebre, Deltebre, amb els meus pares, a la vora del riu. La gent del poble sempre deia que aquell lloc era molt solitari i feréstec, preferien viure pel centre del poble o lluny del riu. A mi, viure allí no em feia por.

Al nostre veïnat vivia una dona que tenia una botiga petita a casa seva, on podíem anar a comprar menjar quan en necessitàvem o quan els mercats ja havien tancat. Moltes nits la mare em demanava d’anar a buscar llet. La meva casa estava envoltada per males herbes i panissars i els havia de travessar per arribar a la botigueta de la tia Cinta. Una nit qualsevol la mare m’ho va demanar. Jo vaig agafar el cistell per posar la llet i em vaig posar l’abric. Vaig sortir al carrer i el vent em va tallar la respiració durant uns segons. Era tardor però gairebé estàvem a tocar de l’hivern i a les nits ja refrescava prou per a quedar-te a casa i no sortir. Caminant per l’hort no parava de tremolar, feia molt de fred, els llavis els tenia tallats i em queia el regalim de moc del nas. Les branques dels arbres es movien al compàs de les bufades de vent, les fulles esgrogueïdes i taronges anaven dansant amunt i avall i les males herbes es cruspien les poques flors que quedaven de l’estiu. Llavors vaig arribar als panissars. Amb les mans tremoloses i gelades com glaçons anava apartant de la meva visió els panissos. Com anava ben abrigada no em tallaven la pell, cosa que a l’estiu moltes vegades acabava ensangonada plena de rascades.

Feia més de cinc minuts que caminava entremig d’aquell laberint de panissos i em vaig començar a posar nerviosa. Normalment en un tres i no res ja estava a l’altra banda i aquell dia pareixia que anés fent cercles sobre mi mateixa i no acabés d’arribar a la botiga de la tia Cinta. Els núvols grisos anaven tintant el cel amb fúria i va començar a espurnejar. Mirava al meu voltant i no trobava la sortida, mirava d’esquerra a dreta, anava amunt i avall desesperada. Llavors un espetec em va sobresaltar. Les pulsacions del meu cor augmentaven cada vegada més, anaven de pressa, molt ràpid. El temps es va aturar, les gotes es van paralitzar i el món es va quedar quiet. Un fort espetec al meu darrere em va fer tombar. I al davant la tenia. Una silueta espantosa coberta per un suau llençol blanc que regalimava sang a cada mil·lèsima de segon. Tapant el rostre el llençol tenia dos forats que em deixaven visualitzar dos ulls. Dues pupil·les enormes negres com la nit serrada, dues bosses que portaven berrugues balancejant-se i unes celles poblades que feien entrar esgarrifances. Aquella mirada em perforava l’ànima. La poca pell de les galtes que se li podia veure estava suquejant una mena de moc verd pudent que em feia retornar el sopar. Va treure del llençol un braç, arrugat i ple de taques de sang. Una mà amb unes urpes plenes de fang i brossa, de color carbó, es va acostar a mi. Va agafar el meu cistell i el va llençar a terra. Va girar cua, i milers d’aranyes i paneroles van sortir del llençol. Se’n va anar. Jo vaig agafar el cistell, vaig trobar la sortida i vaig anar al de la tia Cinta. Desesperada vaig donar cops a la porta de fusta.
—Tia Cinta!!! Obri!!! Necessito llet!!! Però obrim ràpidament que tornarà la marfanta!!!
—I no t’ha dit que te’n tornis a casa i que no em molestis??!!!


Alba Murcia Navarro
Institut Deltebre, Deltebre


*Conte premiat en la categoria de batxillerat i cicles formatius en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


L’acompanyant



Acabo el meu torn a l’hospital. Ha estat una tarda molt dura. Estic rebentada, no he pogut descansar ni un minut. No em queda bateria al mòbil, surto al carrer. Està plovent i tinc el cotxe lluny. No hi ha ningú pel carrer. La nit està fosca, fa un fred que pela i el vent xiula que fa por. M’afanyo, em sento incomoda com si algú em seguís. L’aire gelat em talla la cara i el vent no em deixa avançar tant com voldria. Per fi arribo al cotxe i em sento fora de perill. Arribo a casa i avui ni tan sols entro a la cuina per fer-me un got de llet. Vaig al bany i directe al llit, només vull dormir. Entro al llit, noto que la mà del meu marit em passa per l’espatlla, com una mena de salutació, està gelat! La respiració ronca, penso que deu estar constipat, però no en faig cas i em quedo fregida.

Em llevo d´hora, no he descansat gaire bé. Vaig a la cuina per fer-me un cafè. Sobre la taula de la cuina trobo una nota.

He estat tota la tarda intentant contactar amb tu. Ha estat impossible, suposo que estàs enfeinada. Li he hagut de fer el torn de nit al Josep, té el nen a urgències. Ens veiem al matí. Besets.

En aquell mateix instant la porta de casa s’obre i escolto: “Bon dia! Ja sóc a casa”. Noto com de sobte com la pell se m’eriça. Vaig ràpid cap a l’habitació, destapo el llit i un calfred em recorre tot el cos.


Amparo Morcillo
Institut de l’Ebre


*Conte premiat en la categoria de batxillerat i cicles formatius en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.

His lasts words




In the mountain town of Ashland, a 9 years old girl is sitting on the right corner of what will unfortunately be her grandfather’s deathbed. She is redhaired and she has pale skin, unlike her grandfather, who is now grey-haired but when he was younger, he had hair as black as coal and brunette skin. The youngster’s name is Clarice and her grandfather is called Thomas. He was named after his dad, who sadly passed away a few years ago.

Thomas was diagnosed with an unknown illness a year before his dad slipped away; he has always been very brave so until last week that illness did not become a problem. But he is now lying on his bed fading until dead. But since then, he is going to tell his granddaughter something he has been saving up to his last moment, and sadly, it has arrived.

So now, Clarice is still sitting on the bed with a blanket covering her shoulder and Thomas, weak, reposes on his bed. With a dim light illuminating the room he starts:

—I had nothing, I wasn’t good at anything, I had no friends, everyone made fun of me. So I had two options doing something that could made me shine and more popular or just ending with my irrelevant life. I was there, walking through the woods thinking that luckily, a hungry bear or an angry wolf attacked me and murdered me. However, I found something else instead. I spotted a dim light through the distance, so I walked there to see what that was. When I got nearer, I realized it was a bonfire. I approached and suddenly the blaze grew a few meters, I got scared and I fell on something hard, I turned back and it was a book, an ancient red book. The wood fire went out so I grabbed the book and ran up to my house. — He drinks a bit of water and coughs.

—I didn’t remember about the book till two days later when I saw it on the shelf next to my bed, I decided to see what it was about. I was so disappointed, there wasn’t anything in any page so I threw it to the bin and I left it there for months. Until one day the full moon illuminated the bin through my tiny window, I heard a weird noise and when I looked at it… It jumped on me, like if someone threw it to me… I… I couldn’t do anything, my body didn’t respond. As soon as I could move I opened it slowly and yes, there were things written in the book. — Clarice hides in her blanket while Thomas thinks about what else happened.

—I clearly remember what the book said; it seemed an old diary about someone who studied a thing called Latrop. I didn’t know what that was at first, but after spending the entire night reading it, I discovered it was a kind of crack in the space-time that could teleport things from A to B and the other way around. And as that old book contained all the steps to create a Latrop, I determined to create one for the next science fair. — Clarice interrupts him and says that what Thomas is saying is a bit weird.

—As I was saying, I created my own portal and as you may think, I won that fair. In order to show it to the judges I teleported an apple, and yes it worked, but casually there was an earthquake. When I got home I heard some noise in my room, so I thought it was my mom tiding it up, yet when I got in, I got shocked there was a crack on my room and a man with anything else than a robe came out of it, everything started to levitate except from him. His eyes started to glow, I couldn’t breath and he told me to tell someone called Clarice… - He suddenly starts to cough, blood is coming out of his mouth, he doesn’t breathe anymore; he has passed away.

Clarice waits anxiously for Thomas’ answer despite he is gone… When she kisses him
for the last time Thomas opens his eyes, they start to glow and he shouts:

—Watch out with that man!

When Clarice’s mother gets home, she sees Clarice crying on his granddad bed and Thomas dead with his mouth open. She does not know how to act but she decides to call an ambulance.
As soon as the first aid patrol brings Thomas to his funeral Clarice realizes there is a black dot on her grandfather’s bed. When she touches it, she gets instantly teleported to the outside of the house, where she notices there is a book on the ground, and yes, its title is Latrop

. . .

She is 10 years old now, there is someone in her house, but who? Whoever it is, it can’t be neither her dad or her mom, as they are working. Clarice silently opens a door, there’s a burglar right there with a weapon! She closes the door and hears the steps coming to her room; she does not know what to do. She randomly sees the book called Latrop and quickly completes the steps to create a portal and escapes from the thief leaving behind a shuddering sound that scares the burglar.

. . .

Years later, the 12 years old Clarice feels an earthquake shaking the ground, she is floating. Clarice turns back and the hand of someone is coming out from a glowing crack in the wall, he is a black man with a robe covering all his body apart from his face. He shouts a penetrating scream and the girl starts burning while suffering pain all around her body until she loses her life.


Dídac Boldó
Institut Dertosa, Tortosa


*Conte premiat en la categoria de secundària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.



Enrique I y su "hijo"



Enrique estaba en su casa, tranquilo, era de noche y de repente se oyó algo en el piso de arriba:

"¡Ayuda, papá, hay un monstruo en el armario!”

Esto sería menos terrorífico si Enrique tuviera hijos.


Enric Pino Vargas
Institut Cristòfol Despuig, Tortosa


*Conte premiat en la categoria de secundària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.

Mi muerte fue en la estancia a medianoche



Me despierto confuso en el rincón de una morada abandonada y decrépita encadenada al mundo con hiedras, y agonizante con las oxidadas y chirriantes bisagras dando alaridos a su tortura por parte del viento. Mi cuerpo me duele demasiado, trato de ponerme en pie pero apenas me sostengo.

La estancia está únicamente iluminada por la luz de la luna que entra de una ventana adyacente a mi posición. Trato de entornar los ojos para ver el entorno con claridad, pero solo llego a divisar una morada desierta de la humanidad e ignorante de mi situación.

Por un momento creo ver una sombra cuadrúpeda moverse en la penumbra de la sala que parece estar observándome. Es entonces que aquella misteriosa sombra empieza a acercarse lentamente. Cuando la luz de la luna que entraba por la ventana la muestra ante mí, me doy cuenta de que es una pantera de piel negro azabache y de ojos dorados como doblones.

La pantera se acerca lentamente con su mirada fija en mí. Mientras que yo, inmovilizado por el miedo y el dolor, me preparo para una macabra y dolorosa tortura.

Pero, ante mis ojos, veo cómo, a medida que se acerca a mi cuerpo moribundo, la pantera mengua en tamaño a la par que en rudeza. Hasta el punto en que, al llegar a mi posición, ya es un gato negro que está lamiendo mi dolorida pierna mientras ronronea a modo de masaje.

Yo lo sostengo como puedo entre mis brazos y lo pongo sobre mi maltrecho regazo mientras le acaricio suavemente la espalda. Mientras hago esto, el gato se duerme a mi lado mientras sigue ronroneando para relajarme.

Y yo, contagiado por la somnolencia del gato, cierro suavemente los ojos y me duermo por última vez con la compañía del único que se preocupó por mí como último recuerdo que llevarme a la otra vida.


Bryan Fernández Ruiz
Institut Sòl de Riu, Alcanar


*Conte premiat en la categoria de secundària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Dentro del bosque



Corro por el bosque desesperado. La niebla que le inunda se mezcla con el frío aportando una atosigante sensación de humedad, la noche parece incluso más oscura de lo normal. Hace rato que corro, las gotas de sudor me caen por la frente y empiezo a sentir que me falta el aliento, se siguen oyendo esos tenebrosos aullidos de fondo que retumban por todo el valle. Una sensación de compresión me oprime el pecho, noto como el miedo se cuela dentro de mí, extendiéndose del rincón más pequeño al más grande, comienzo a toser sin control alguno, tropiezo con una roca y caigo al suelo. Me quedo ahí quieto, inmóvil, cierro los ojos con fuerza, me tapo los oídos con las manos y entonces unas imágenes me vienen a la cabeza.

Eran los años veinte, salía de trabajar de la casa grande, la cena se había alargado más de lo normal, se había hecho muy tarde así que aún llevaba debajo del abrigo la ropa de mayordomo. El mundo estaba cambiando, hacía poco que la Primera Guerra Mundial había acabado, tenía suerte de conservar mi empleo aún, ya que se habían dedicado a despedir a la mayoría de sirvientes. Cuando me dispuse a abrir la puerta de casa oí un fuerte aullido, me giré ensimismado por aquella curiosa llamada lobuna. Detrás de mi casa había un pequeño bosquecillo, crucé mi jardín y me adentré en la frondosidad. Cada vez que mis pies entraban en contacto con la tierra notaba como de ella subían por mis piernas un temblor muy extraño. De repente empecé a oír unos gruñidos, me quedé muy quieto. Los temblores se intensificaron, se oía el ruido de mil patas de lobos corriendo a una gran velocidad, incluso se podían percibir sus jadeos. En seco esos ruidos cesaron, tragué saliva asustado, me giré lentamente y al hacerlo un lobo enorme, con colmillos largos y de aspecto tenebroso se abalanzó sobre mí, noté un dolor penetrante en el costado, todo se volvió negro. Al volver a despertar me encontraba corriendo junto a una manada de lobos.

Me sobresalto y me pongo sentado de un brinco, respiro agitadamente, me levanto deprisa, el miedo ya no se apodera de mí, vuelvo a correr, esta vez sintiéndome libre, incluso parece que pueda ir más rápido que antes. Miro a los lados y veo a una manada de lobos corriendo junto a mí.


Cinta Vega Tomàs
Institut Roquetes


*Conte premiat en la categoria de secundària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Soc una bona mare




La mama està amb tu, i creu-me si et dic que hi estarà tota la via. Deixa aquesta cara de temor de banda i somriu, filla meva. Tranquil·la, la mama ja t’ha tancat l’armari i ha mirat sota el llit on tal sols descansa el pare. Les finestres estan tancades, els cables del telèfon tallats i la teva llum apagada. Descansa, tanca els ulls i deixa’m que et torqui les llàgrimes. No, l’ós de peluix tacat de sang de l’àvia està rentant-se, recorda-ho.

No cridis més i dorm, que em poso trista al veure que ningú et sentirà. De debò que t’estimo, però encara no he après com demostrar-ho. Hauries de callar, ja que no saps pel que he arribat a passar. Ja sé que tu tampoc vols tot això i has de pensar que la meva intenció no era tindre’t. Agraeix que tens menjar, no tots tenen un plat i una llesca de pa cada dia com tu. Desagraïda.

Tanca els ulls, he dit. Et protegiré, ho prometo. Si et portes bé et donaré més pa i potser demà afluixo les cadenes de les cames i canvio els llençols. Saps que odio el soroll de les cadenes, que em recorden a mi quan era perita, així que deixa de moure’t, que l’únic que aconsegueixes és fer-te mal tu sola. Desitja bona nit als que estiguin llegint això; espero que aquesta nit es portin bé si no volen venir amb tu, el pare i l’àvia, que ara la portaré. Parla o trec el pal. Última oportunitat.

Tu ho has volgut.


Marta Pujol Plassa
Institut Ramon Berenguer IV, Amposta


*Conte premiat en la categoria de secundària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


La sang dels arbres




De petita solia jugar al bosquet de darrere casa meva. Aquells arbres sense fulles a qualsevol estació em van veure créixer a mi i a tota la meva família des de feia moltes generacions. Per això sempre em van parèixer normals les estàtues d'àngels amb ganyotes de dolor i no em va alarmar mai que els dies de pluja semblés que sagnessin els arbres.

La meva família era realment particular, és a dir, jo era filla única i els meus pares eren realment vells. El meu únic amic era el fill de la finca veïna, perquè no havia anat mai a l'escola, ni al parc, ni enlloc. Les úniques ocasions en què vèiem altra gent era als enterraments, que eren prou sovint perquè la pluja era violenta i sempre s'enduia algú. El meu pare regentava el cementiri i la meva mare era l'enterramorts. Jo sempre havia pensat que no érem populars per aquell motiu, però la veritat era encara més estranya i terrorífica. Ho vaig descobrir de la pitjor manera possible.

Era una nit plujosa, i com sempre els meus pares no eren a casa. Jo m'havia deixat la meva nina al bosc aquella tarda i no volia perdre-la entre la sang dels arbres, així que vaig agafar l'impermeable i vaig sortir al bosc. Es sentien veus, més enllà del vent i de la pluja, era una cançó monòtona, la música infernal semblava sonar dins i fora del meu cap. Volia tornar a casa, però ja era prop de la nina i no volia tornar sense ella.

No vaig tardar en arribar a la clariana on l'havia deixat i la imatge d'aquell moment encara és el que veig cada cop que tanco els ulls. La nina estava mullada i elevada flotant, tenia un tall al pit d'on sortia un rajolí de sang i els ulls malèficament vius. A baix, els meus pares cantaven i ballaven una dansa grotesca al voltant d'un cadàver humà, mentre s'emplenaven la boca amb les entranyes del mort, que aviat vaig veure que era el meu amic.

Sense ni tan sols adonar-me'n estava cridant, però llavors vaig cometre l'error de mirar la nina als ulls. I ja no vaig poder evitar unir-me a la dansa, tal i com ens correspon a tots els descendents del dimoni.


Gemma Lluís Porres
Institut Ramon Berenguer IV, Amposta



*Conte premiat en la categoria de secundària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


The Enchanted Castle



Once upon a time...There was a castle in the middle of the forest. A pair of children went to play to the forest, when they suddenly saw a snake on a tree trunk. They walked through the giant leaves, until they arrived and observed a giant building standing right in front of them. They walked towards the door, and it opened silently. A giant spider was walking on the walls. Scared of whatever they could find on their way, one of them fell in a tiny hole on the ground. The rest, followed a little mouse to a labyrinth. When they found their way out, they heard the sound of a bone behind a wooden door. Exactly in that moment the door opened and a enormous wild tiger roared like a beast dying of hunger. His green sharp eyes caught the sight of the children. He was ready to attack them without returning back. The oldest child went in front of the tiger ready to stop him. The tiger took one step back, and he ran away without returning. They continued their way until they saw some stairs leading to the attic. Meanwhile a golden light caught their attention, walking down the stairs they found a hidden chest. Without thinking they opened the chest... And they they couldn’t believe that they found the hidden treasure of enchanted castle!

Happily they returned home without leaving a single piece of gold and jewels in the castle. And finally they lived happily ever after!


Eduardo Gerghelas
Escola El Temple, Tortosa


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.

A Horror Story



Once upon a time, there were two girls. They were walking at night.
In a second, one of them fell to the ground and Jane started to cry because someone had killed Moon.

The girl that was on the floor was covered in blood around her.

Jane looked around and … She saw a man with a gun!

She started to run, but in a second, she also fell to the ground.

This time she was murdered with a knife, the mysterious man was behind her with a knife in his hand.

The girl was dead on the floor, with blood by her side.

But… OH! Luckily! It was a nightmare!!!



Elsa Tomàs Rubiales
Escola Riumar, Deltebre


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.



El niño fantasma del viejo gimnasio



Daniel era un niño de siete años que iba a un colegio nuevo. En el patio de este colegio había un viej gimnasio donde se guardaban los materiales que no se utilizaba.

A Daniel le gustaba jugar en el gimnasio pero su madre tenía un mal presentimiento.

Todos los días la madre le preguntaba con quién jugaba y el niño siempre le respondía lo mismo: "Mamá, juego con José Mato y quiero invitarlo en mi casa. ¿Puedo?".

Días después la madre preguntó a la maestra quién era José para invitarlo y la maestra le contestó que no existía ningún José en el colegio. El niño insistía mucho y la madre no tuvo más remedio que invitar al desconocido José.

Aquella fue la tarde i la noche más terrorífica que pasó la madre de Daniel. Daniel lanzaba la pelota y esta volvía a él. Era como si un niño invisible jugara con él. Luego se oían risas, era la risa de Daniel y de otro niño. Por la noche, cuando Daniel dormía se sentían ruidos por toda la casa.

La mamá el día siguiente avisó a la maestra y cerraron el viejo gimnasio. La mamá le dijo que no podía invitar más a José ya que no era un niño, sinó un fantasma. Nunca más se supo de nada de José.


Lluc Sarrá
Escola Consol Ferré, Amposta


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Trenween



Era una noche fría de tormenta otoñal en la ciudad de Hall, donde estaban esperando la llegada de un tren llamado Trenween. Justo en el momento que el tren estaba llegando en la ciudad... craaaash!!, de repente un rayo cayó de manera aterradora en el vagón número 13.

En ese preciso instante, la gente de aquel vagón empezaron a sufrir una pequeña transformación. Sin darse cuenta empezaron a transformarse en diferentes personajes misteriosos: brujas, zombies, fantasmas...

Se dieron cuenta al momento y decidieron hacer una reunión con todos los pasajeros del vagón para intentar solucionar el problema. A medida que iban llegando a la cita se empezaron a asustar mucho y empezaron a salir del tren, pero entonces se dieron cuenta que también se estaban transformando en animales misteriosos.

Por arte de brujería, a las doce en punto terminó la transformación, y llegaron a la conclusión que eso solo pasaría el 31 de octubre. Aun así, durante el año todavía tienen algunas secuelas de esa horrible mutación: risa de bruja, voz de fantasma, pelo de hombre lobo... Y es que... una noche de Halloween, nunca subáis al vagón número 13.


Aleida Serrallonga Escuin
Escola Consol Ferré, Amposta


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


A sota del llit



Hi havia una vegada, a Londres, una nena de dotze anys estava dormint en una casa prop del Big Ben. En el silenci de la nit van sonar les campanades de les dos del matí. La nena (que es deia Júlia) es va despertar i es va estranyar perquè s’havia despertat per culpa de les campanades. De cop li va sonar el mòbil i era que la seva amiga Maria li havia enviat un vídeo de por com solia enviar-li. Allí deia que el vídeo anava que una família molt rica es comprava nou plats d’or i quan els contava en sortien deu. Júlia va fer un clic al “Play” i el vídeo anava tot bé fins que a l’hora de contar plats en contava 8!

La nena va enviar-li un missatge a Maria preguntant-li si era una broma de por, es va esperar uns minuts contemplant la misteriosa i tenebrosa nit i al cap d’una estona va sonar el mòbil. Ella amb una gran intriga va agarrar el mòbil i en veure què hi havia posat no es va fer enrere. Morta de por va mirar enrere i va veure un teclat que feia un mecanisme al llit. Al teclat hi havia els números fins al nou (introduït el zero) i ella va pensar i solament pensava en el dos, que era el nombre de campanades que l’havien despertat. En pensar en les campanades va pensar que no havien tocat els quarts d’hora i allò va fer tenir encara més por. Tot era un misteri i així que va introduir el 2 al teclat i alguna cosa va passar.

Júlia es va quedar en blanc i quan es va despertar estava caient des del cel. Al final va aterrar sana i estàlvia i davant dels seus ulls s’estenia una gran casa encantada. Júlia va voler entrar a veure si la sortida era allà dins. En entrar va veure que era un passadís ple de teranyines i riures malèfics que es sentien constantment. Ella va anar caminant pel passadís i observava que tot estava ple de portes. De cop una nina maleïda va girar i va fer el somriure malèfic típic de les nines maleïdes i Júlia va tenir tanta por que va entrar per la porta 2 i allí dins estava ple de sorpreses.

Primer va entrar poc a poc sense fer soroll... va fer unes passes... i de cop la porta es va tancar misteriosament... Júlia va tindre un ensurt, es va intentar tranquil·litzar i va seguir endavant. Estava ple de taüts vells i plens de pols i de cop es van començar a moure. Van sortir mòmies dels taüts i estaven envoltades de guix en teranyines per damunt. Uns segons després va sortir un eixam de ratpenats malèfic. Júlia va sortir corrents fins que va entropessar amb un zombi i va caure per un forat on el va portar, morta de por, i morta de son es va adormir. L’endemà es va despertar tranquil·la i no va recordar res.


Marc López Gisbert
Escola Sant Llatzer Tortosa


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Les disfresses misterioses



Hi havia una vegada un grup de nens que es deien Pep, Rita, Lola i Max. Un dia van anar a un museu i, sense voler, van tombar un quadre. Darrere del quadre van trobar un mapa trencat i la Rita el va agafar i el va començar a mirar. Era el mapa del tresor, on hi deia:

Les pistes heu de trobar i el segon mapa us apareixerà. Divertiu-vos! Aaaaarrr, Jijijijijijijiji, Buuuuuuuhhh, Aaaauuuuuu...

L’endemà van anar al col·legi i els van castigar sense pati. Estaven sols al laboratori i el Max, per jugar, va treure el barret de l’esquelet i van trobar l’altre tros del mapa. El Pep el va agafar i el va començar a mirar. En aquest mapa hi deia:

Molt bé! Si us heu divertit... continueu així. Ara, recolliu.

A la classe van començar a recollir i darrere la pissarra van trobar el tercer mapa. La Lola va agafar el mapa i en aquest hi deia:

Molt bé! Ara us toca una nova pista. Mireu.

Van anar a la classe de plàstica i van mirar, sense tocar, els treballs que hi havia. El Max, qui mirava atentament, va trobar el mapa i el va agafar. En aquest hi deia:

Heu trobat el quart mapa. Busqueu el tresor al carrer de la Por, que obrireu amb la clau que trobareu just quatre passes cap al nord.

Tots van començar a córrer i el Pep, a sota d’una pedrota gegant del carrer indicat al mapa, va trobar el tresor. Amb una brúixola van saber on era el nord i el Max va comptar les quatre passes. Van fer un forat al terra i, allí, dins d’una bossa de plàstic, hi havia la clau.

Van obrir el tresor i van trobar-hi quatre disfresses: una de pirata, una altra de bruixa, una de fantasma i una altra d’home llop. El Max es va disfressar d’home llop, el Pep de pirata, la Lola de fantasma i la Rita de bruixa. Els anaven a la mida i van anar a celebrar Halloween.

S’ho van passar molt bé, van recollir molts caramels, però l’endemà les disfresses no se les podien treure i el caràcter dels quatre amics va canviar totalment. A Max li van començar a aparèixer uns ullals enormes, a la Rita li canviar el somriure i li va sortir una berruga al nas, a la Lola li desapareixien les cames i els braços a poc a poc i, finalment, el Pep va perdre un ull i la mà dreta, la que feia servir per escriure...

Mai no oblidaran aquell dia que els va canviar la vida.


Anna Mas Ferrús
Escola Sant Miquel, Ascó

*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Una història de Halloween



Tot va començar el 31 d’octubre de l’any passat quan jo estava estès al sofà mirant la televisió. De sobte, el meu gos va començar a lladrar. Encuriosit, vaig baixar les escales per a veure a què lladrava i resulta que només lladrava als arbrets. Quan m’hi vaig fixar, vaig veure una ombra que em va aterrir. Tot seguit, espantat, molt espantat, vaig pujar altra vegada les escales, vaig cridar el meu gos, ell va entrar a casa i jo vaig tancar breument la porta. Quan estava a l'habitació, vaig rumiar què podria ser aquella ombra que tant em va aterrir. Així, doncs, vaig esperar fins a les dues del matí per agafar el meu patinet i sortir a investigar al parc de dalt de casa meva. Quan hi vaig arribar, no em podia creure el que estava veient: un home alt com un pi, amb un vestit amb corbata tot esgarrat, i el més terrorífic, sense cara!

Els ulls se’m van posar com a plats i em vaig dir: «Cames ajudeu-me!» I tan ràpid com les meves cames podien córrer vaig arribar a casa un altre cop.

Al matí següent, al sortir al carrer, vaig veure que el restaurant estava tancat. Sorprès i com que soc un nen curiós, definitivament, vaig entrar. Quan vaig saltar la reixa i ja estava dins a la terrassa, tot estava pel terra: taules, cadires, plats trencats... De sobte, vaig sentir una veu molt fluixa. Vaig entrar dins el restaurant i em guiava per aquella veu. Quan vaig entrar a la cuina, tot era més espantós! Tot estava també pel terra! I allí vaig trobar la veu: era d'un cambrer que estava gitat a terra demanant ajuda.

Jo li vaig preguntar:

—Què ha passat?

Ell va contestar:

—Un monstre, ha sigut un monstre!

I jo, com que a part de ser curiós soc viu, ja sabia de quin monstre parlava.

A la tarda, em vaig dedicar a buscar llibres sobre monstres a la biblioteca municipal i sí, el vaig trobar. Era un llibre que pareixia molt estrany, es veia antic i la lletra, no era molt normal que diguéssim... El títol era Monstres i encanteris. Encuriosit, vaig començar a buscar i buscar, llegir i llegir, i vaig passar tota la tarda fins que el vaig trobar. Deia: «monstres alts» (com el que jo havia vist), «amb vestits esgarrats» (com el que jo havia vist), «sense cara» (COM EL QUE JO HAVIA VIST!)... «espècie d’esperit que necessita ajuda». Això sí que no ho sabia. Tot seguit deia: «Per ajudar-los, s’ha de fer un sacrifici». «UN SACRIFICI!!!» vaig cridar. Vaig continuar llegint i posava: «però és un sacrifici de paraules». Em vaig quedar estranyat al veure que faltava més de mitja pàgina, però no en vaig fer cas.

Vaig tornar a casa i com que ja era de nit estava decidit per a fer el sacrifici, encara que no sabia com fer-lo. Em vaig tornar a esperar fins a les dues de la matinada i hi vaig anar, però aquesta vegada sense patinet. Vaig anar al mateix lloc: al parc de dalt de casa meva. I allí estava, al mateix lloc de sempre. Més atemorit que mai, vaig començar a dir paraules, però no succeïa res. Vaig pensar quin tipus de paraules podien ser i les primeres paraules que em van vindre al cap van ser paraules boniques. Vaig començar a dir fluixet les paraules i el monstre va començar a vindre cap a mi. Jo, de la temor, cada cop cridava més i ell anava cada cop més ràpid. Vaig anar baixant el carrer, cada cop corrent i cridant més fins que estava a punt d’arribar a la carretera. Vaig començar a caminar cap al monstre. Quan el tenia davant, encara estava cridant paraules boniques. Llavors, va emetre un so horrible, tot es va posar blanc i vaig caure a terra.

Quan em vaig despertar, era de dia. Em vaig aixecar ràpid com un llamp pensant-me que encara estava el monstre. Però en lloc d’un monstre em vaig trobar un home somrient, amb cara amable, simpàtic i que em va preguntar:

—Estàs bè?

Jo li vaig respondre:

—Sí, tranquil.

I em va donar un got d’aigua ja que tenia la boca seca de tant de cridar. Quan se'n va anar, vaig comprendre que aquell home, només podia ser... EL MONSTRE!!! No m’ho podia creure, em vaig quedar bocabadat: com una cosa tan senzilla havia fet un canvi tan gran. I amb els ulls com a plats vaig tornar a pujar el carrer esgotat fins arribar un altre cop a casa. Satisfet, vaig entrar per la porta de casa i la meva mare em va preguntar:

—On has anat?

Somrient, li vag respondre:

—Mama, he ajudat una persona.

Llavors, vaig recordar unes sabies paraules: «Cap adversari podrà mai derrotar unes paraules que provenen de l’arma més poderosa, EL COR».


Àngel Labordeta Pitarch
Escola Horta Vella, Sant Carles de la Ràpita


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


El monstre de sota del llit



El 25 de novembre del 2013, a l’hora d’anar a dormir vaig sentir un soroll i jo em vaig preguntar, hi ha algú dins la meva habitació? Un monstre, un fantasma? Alguna cosa hi havia a la meva habitació.

Al dia següent em vaig aixecar tranquil·lament i vaig anar al col·legi de Xerta, a un poble de muntanya, a la vora del riu i molt tranquil. Quan em vaig reunir amb els meus amics vaig veure com a casa meva s’aixecava la cortina. Jo vaig pensar que era el vent que bufava fort. Quan vaig acabar de l’escola, a les dotze, vaig anar a jugar a Fortnite a la meva habitació i va ser llavors que vaig sentir un soroll i de cop la PS4 es va apagar, la televisió també i la llum també. Després la manta del llit es va moure i de cop es va obrir la porta de l’armari, BOOOM! Es va sentir una veu terrorífica:

MORIRÀS I NO SABRÀS COM!

La meva reacció va ser sortir corrents de l’habitació i no entrar-hi mai més. Quan va venir la meva mare li vaig explicar tot el que havia sentit i el que havia vist. Seguidament, la meva mare i jo vam anar a veure què passava en aquella habitació. Quan vam entrar no vam sentir res, aquest monstre era molt llest. Després de dinar vaig tornar a la meva habitació. En aquell moment vaig veure dos ulls rojos sota del llit: jo vaig dir ADEUUUU i vaig marxar corrents. A les tres de la tarda jo i la meva mare vam marxar, jo a classe i ella a treballar. Un altre cop, vaig tornar a veure les cortines moure’s. No ho entenia. En sortir de l’escola i tornar a casa, vaig entrar a l’habitació i no em va passar res. Però, i la mare? On estava la mare?

El monstre no em va tornar a molestar, però encara espero la mare.


Arnau Figueras Navarro
Escola Xerta, Xerta


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.


Malson trencat



Sona el despertador, m'aferro als llençols del meu llit. Ploro, ploro de por. Sé el que m’espera. Sé que ell m’està esperant. Sé que em farà mal. Quan camino les cames em tremolen i els meus ulls ploren de temor, semblen vidres entelats. A la meva ment, la foscor atrapa l’alegria, la por que ho envaeix tot, boira tremolosa. Sé com em tractaran. Sé que ploraré i patiré. Es burlaran de mi i això els divertirà, i tota la classe, tota, se'n riurà de mi.

Em sento impotent, mut, sol, com si fos una titella indefensa. Ell continuarà cridant i rient. El cor m’anirà ràpid, massa ràpid. Intentaré evitarlo, però sé que no podré. Ell vindrà a molestar tot el que pugui, no té límits. No seré capaç de defensar-me, així que intentaré escapar, però serà impossible. Ja no puc més, ja no, el malson comença.

En arribar m'acorralen en un cercle envoltat de gent disposada a fer-me mal, molt de mal. Riuen tot el que poden. Em fan sentir minúscul, inferior a tots ells, una petita formiga a la que tots poder poden trepitjar, i la trepitgen amb molt de gust.

Sé que he d'enfrontar els meus temors i defensar-me, però quan soc a punt de fer-ho, els calfreds i nervis arriben al meu cos i dono un pas enrere. Sé que algun dia ho aconseguiré, quan controli la por, la meva por.

Sona el despertador, abraço els llençols i un mig somriure se m’escapa entre badalls. Els meus amics m’estan esperant. Em sento fort, la por es dissol amb alegria i confiança. Els qui em feien mal, ara són minúsculs i jo... jo ja no tinc por!


Paloma Sainz Sampedro
Escola Cinta Curto, Tortosa


*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.



Casa en venda



Tots els mobles de la casa estaven coberts amb draps vells i blancs amb una capa de pols al damunt. La Lorena, hi havia entrat per veure si estava en venda. Amb vint-i-tres anys, no s’havia buscat feina i encara vivia a casa els seus pares.

Caminava lentament pel passadís. Cada pas era un cruixit al terra. Feia una bona estona que sentia com una porta grinyolava per tota la casa. Pensant que era el vent, va avançar fins a la porta i de sobte va començar a sentir crits agonitzants. Espantada, va intentar fugir, però una mà grisa la va arrossegar fins a una altra habitació, arrancant-li la pell al mateix temps. Per tots els passadissos va ser arrossegada fins a una habitació fosca i tenebrosa. Allí, mil i una formigues van començar a pujar pel seu cos suat, fred i pàl·lid.
La Lorena va caure morta i sagnant damunt d’una muntanya de cadàvers.

La Lorena es desperta sobresaltada. Només és un malson. De totes maneres és molt tard, avui ha d’entrar a una casa per comprovar si està en venda. Amb vint-i-set anys, no s’havia buscat feina i encara viu a casa dels seus pares.


Rosa Fornós Nivera
Escola Raval de Cristo, Roquetes

*Conte premiat en la categoria de primària en el IX Concurs de microrelats de terror 2018, organitzat per la biblioteca de l'Institut Cristòfol Despuig.