1 de juny de 2016

Magia perdida



Ya no hay nadie que crea en el «érase una vez» o en el «vivieron felices y comieron perdices». Nadie cree en las princesas y en los príncipes azules. Ni en los sapos que se convierten en hermosos caballeros. Hemos perdido esa magia de cuento de hadas para convertirnos en una rutina perdida en el reloj que, como bien describe Cortázar, es un pequeño infierno florido. Solo los más pequeños ven monstruos bajo la cama. Y les arrebatamos su inocencia sin pensar en como nos sentimos nosotros cuando nos quitaron la nuestra.

Una vez, no hace mucho, me dijeron que se iban a cumplir todos mis sueños de princesa y me volví a sentir como una niña pequeña que espera ansiosa llegar a casa para ver lo que los reyes magos le han dejado del árbol de Navidad. Empezaron a llegarme recuerdos de cuando era pequeña y mis padres me decían que era una princesita. Una pequeña princesita que cree en el polvo de hadas, desea viajar al país de Nunca Jamás y quiere tener un castillo como el de las películas Disney. Porque todos deberíamos tener la magia de un niño para convertir unos calcetines en grandes héroes.

Que venga a rescatarme un príncipe encantado de un torreón y con un zapatito de cristal para probar que soy su princesa y me lleve a su castillo en una calabaza convertida en carroza donde platos y cubiertos bailen al son de una dulce música, y al terminar la noche me lleve volando entre las estrella a lo más profundo del mar donde dormiré plácidamente durante mucho tiempo esperando a que vuelva a despertarme con un dulce beso de amor y se repita la historia.


Sara Ortiga


*Treball premiat el el Concurs de contes breus 2016, en la categoria de segon cicle d'ESO.