28 d’abril de 2017

Sueños



Uno, dos, tres… (eternidad numérica). Así consigo tranquilizarme. Contar o numerar me ayuda a alejarme de la realidad. Me encantan las matemáticas y cada día me doy cuenta de la razón por la que el placer de la mates producen en mí tanta tranquilidad.

Numerosas veces me he liberado de un castigo por aprender a contar hasta tres, aunque esta vez ha sido inútil, sino no estaría escribiendo esto. Ya sabes que yo soy de enumerar y no de contar, que soy de ciencias y no de letras. Que mi cabeza es un mundo de números eternos, de memoria y capacidad de descifrar numerosos problemas.

Sentirse fría. Sentirse sola, quizás. ¿Entiendes?

Supongo que cuesta entender que alguien con tanto poder, con tanta inteligencia, con una buena familia, con la vida organizada podría sentir tal sentimiento. Cierto, no es posible. Eso creerás.

Mi madre no es mi madre, mi padre es el Lobo feroz que se comía a Caperucita y que, al final, la sacaban de la barriga de dicho ser.

Un mundo bipolar, no de dos polos, de dos mundos. Así es este continuo mar de dudas… bipolar. ¿Que no me entiendes? Interprétalo a tu manera, en tu mundo.

Corazón ardiente. Cabeza perspicaz. Universo único. Vida infinita. Energía eterna. Amor mío. Mírame. Quiéreme. Acógeme. Víveme. Te amo.

Sí, todo este escrito no tiene pura lógica. ¿Pero quizás creerás que algo la tiene? Que esto tenía que ser un cuento romántico. No puedo escribir sobre ti otra vez, mundo. Que el sabor de las lágrimas es desagradable… Aunque un buen final para mi sueño seria terminarlo. No quiero más sabores, quiero acabar con esto.

Uno, dos, tres… (eternidad)

Tortitas, mamá ha preparado tortitas…



Mihaela Ceres

*Treball premiat en la categoria de batxillerat del VIII Concurs de relats breus 2017.