8 de juny de 2015

La metamorfosis de Míriam


Cuando Miriam Rojo se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre el sofá del salón convertida en un pequeño animal. Estaba hecha una bolita sobre uno de los cojines donde se había quedado enganchada por culpa de los pinchos, y al intentar levantarse vio sus pequeñas patas y su larga nariz.

-¿Qué me ha ocurrido?-, pensó.

Su salón, un auténtico salón enorme, permanecía tranquilo entre las cuatro paredes conocidas y allí seguían sus dos estanterías llenas de libros, la mesa, la televisión y la mochila que se había preparado la noche anterior para la excursión que tenía prevista hacer junto a sus compañeros de clase.

Miriam intentó soltarse del cojín pero no lo consiguió y cayeron los dos al suelo, por suerte del golpe consiguió librarse y se fue al baño a mirarse al espejo para ver que había pasado.

Mientras observaba lo ocurrido escuchó una vibración que venía desde la mesilla de su habitación. Tras mucho esfuerzo llegó delante de algo enorme, era un gigantesco teléfono móvil. Miriam buscó el botón de desbloqueo y vio que eran sus compañeros de clase. Estaban todos muy preocupados: ellos también se habían convertido en animales. Las imágenes de reptiles, mamíferos y pájaros no paraban de llegar, así que la pequeña erizo decidió darle al icono de la cámara y se hizo un “selfie” para enviarlo también.

Tras estar todos hablando durante un buen rato decidieron que irían igualmente de excursión al Delta ya que estaba todo pagado.

Llegó medio zoológico en medio de los arrozales, se pusieron a correr por tantos y tantos kilómetros de paisaje hasta que Miriam se encontró un ser extraño. Era una marciana muy coqueta, sentada en medio de la nada y en sus manos tenía un libro muy gordo, el Quijote. Vinieron todos y estuvieron horas y horas hasta que tuvieron hambre, escuchando muchas aventuras y locuras de este hombre.
Se fueron a comer al arrozal de delante la barraca donde pasarían la noche y con la tripa bien llena de granos de arroz se echaron todos una siestecita.

Una luz anaranjada que entraba por la pequeña ventana los despertó, se había formado una bonita puesta de sol, una puesta de sol mágica. Volvían a ser todos humanos. Se fueron levantando y salieron de la barraca para ver aquel espectáculo de la naturaleza. A lo lejos vieron como se alejaban un grupo de animales y Miriam vio a su lado un simpático erizo.


Míriam Rojo