15 de desembre de 2010

Fiel compañero














No era habitual que sucediera, pero esa noche debía quedarme sola en casa. Mi única compañía era mi perro Spot. Así se hace llamar o mejor dicho, ése es al único nombre que respondió cuando lo  compramos, amigo fiel y cariñoso que siempre está a mi lado, con la manía de lamerme la mano si ésta cae al costado de la cama mientras duermo.

Películas y palomitas eran mi plan para pasar ese sábado, que no se presentaba bueno para ir a ninguna parte, ya que una gran tormenta se avecinaba y no daba opción para mucha movida.

Antes de medianoche un comunicado me altera un poco, en la televisión, avisan que se ha  escapado del psiquiátrico un peligroso psicópata, un tal “Sonie”, y que lo están buscando. Ese manicomio está cerca de aquí, pensé en voz alta, Spot levantó la cabeza del almohadón y me miró con sus ojos entreabiertos. Siempre tan “estresado” me dije para mis adentros.

Poco después se desató la tormenta, el ruido de los rayos era ensordecedor, los relámpagos iluminaban el cielo a día. Pobre “loco” escaparse justo hoy con la que está cayendo, y lo enojados que deben estar los del rastreo, otra vez vi a Spot mirarme y comprendí que seguía hablando sola. El corte de energía era lo que faltaba para completar la noche, además  me quedé sin  el final de la película  que estaba por terminar, bueno tampoco era  tan buena y siempre las repiten millones de veces.

Contrariada me disponía a meterme en la cama, cuando el recuerdo del maníaco suelto me hizo volver sobre mis pasos y revisar todas las ventanas y puertas, Spot mi guardián me seguía por toda la casa.
Me acurruqué en la cama, el ruido de la lluvia al  golpear en los cristales me daba sensación de frío ¿o era miedo?  No, miedo no, Spot estaba a mi lado  como era su costumbre, me lamía la mano y mis padres no tardarían el llegar.

Durante la noche me desperté varias veces, Spot estaba inquieto pero seguía a mi vera, los truenos le molestarían o  sentía los pasos de mis padres al regresar a casa. También pasé por alto los ruidos que parecían llegar desde el cuarto de baño. Spot seguía a mi lado, no se había movido en toda la noche, lo constaté sacando mi mano para que la lamiera.

Por la mañana al despertarme, Spot no se encontraba  en mi habitación, tendría hambre y estaría abajo junto a la comida, lo llamé... no respondió a mi orden… Tal vez mi padre lo sacó a pasear muy temprano.

Me dirigí al cuarto de  baño y al abrir la puerta… Spot… mi amigo Spot… yacía degollado en la bañera y con su sangre escrito sobre el espejo… LOS LOCOS TAMBIÉN SABEMOS LAMER “S”
Recuerdo que grité tan fuerte que pensé que me estallaba la garganta.

La policía me aseguró que lo habían atrapado y lo habían devuelto al internado, para mi tranquilidad  me llevaron al hospital para hacerme un chequeo, pero yo me  encontraba bien.

Me mudé de casa, la otra  me traía malos  recuerdos, ahora vivo en una gran casona, con un jardín estupendo, donde paseo con mis nuevos amigos y mis padres cuando están por las tardes. Ya no asisto a clases, me estoy  dedicando a las manualidades y voy a charlas interesantes. Por las  noches, no tengo miedo, ni las noches de tormentas ya que siempre hay alguien que me cuida y protege, cuando saco la mano de la cama me la lame, lo único extraño que ahora se hace llamar Sonie, mi fiel compañero.


Luciana Piazza

Premi de llengua castellana en el Concurs de microrelats de terror 2010.